SÉPTIMO
PASO
Humildemente le pedimos que nos
liberase de nuestros defectos.
En medio de los Doce Pasos, después
del alivio de admitir nuestra impotencia sobre la nicotina y un minucioso
inventario moral, nos ponemos nosotros mismos en la línea y le pedimos a Dios
que nos libere de nuestros defectos. Le pedimos a Él que retire los bloqueos
que hemos construido que nos hacen infelices, temerosos e incapaces de vivir la
vida sin nuestra droga, la nicotina.
El paso en sí mismo requería sólo que
humildemente le pidiéramos a Dios que nos liberase de nuestros defectos. Vamos
a pensar primero acerca de la palabra “humildemente”. A algunos de nosotros nos
desconcertó esta palabra porque se parece mucho a las palabras “humillar” y
“humillación”. Estas palabras parecían demasiado negativas. Llegamos a entender
que la palabra “humildemente” no significaba que nos desvalorara. Lo que
significaba era ver a nuestro propio lugar en el gran esquema de las cosas.
Reconocimos a nuestro Poder Superior como una entidad más completa y más
incluyente que nosotros mismos. Vimos que nuestro Poder Superior era más, y que
nosotros éramos menos. Pero nosotros no éramos menos en un sentido malo o
peyorativo. Éramos menos respecto a nuestro Poder Superior. Este es el
entendimiento correcto de la humildad. Es la aceptación de nuestras
limitaciones muy reales y muy humanas.
Aceptar nuestra absoluta humanidad y
nuestras limitaciones humanas es diferente a reconocer nuestros defectos, lo
que hemos hecho en el Cuarto Paso. Conforme progresamos del Cuarto Paso al
Sexto Paso nosotros identificamos, admitimos, consideramos y comenzamos a
separarnos psicológicamente de estos defectos. Los llamamos “inventario” en el
Cuarto Paso, “faltas” en el Quinto Paso, y “defectos de carácter” en el Sexto
Paso. Cualquiera que sea la etiqueta para estos patrones de conducta
inefectivos, nos dimos cuenta que nuestra adicción en sí misma era el principal
ejemplo. También nos dimos cuenta de que la culpa y la vergüenza que sentíamos
respecto a nuestros defectos eran parte de la razón por la que usábamos la
nicotina. Conforme aceptábamos estos defectos como fallas humanas normales,
nuestras respuestas extremas a los instintos básicos, reconocimos nuestra
imperfección. Nos dimos cuenta que nuestros patrones de conducta anteriores no
habían funcionado para nosotros o para los demás. Vimos que habían hecho
nuestras vidas ingobernables.
Reflexionando de nuevo en el Segundo
Paso, llegamos a creer que un Poder mayor a nosotros mismos podría devolvernos
el sano juicio. Aquí es donde le pedimos al Poder Superior que lo haga.
Habiendo explorado varias alternativas para nuestros defectos, ahora estamos
listos para realizar el Séptimo Paso.
Algunos de nosotros realizamos este
paso diciendo las siguientes palabras del Gran Libro de Alcohólicos Anónimos
(página 76): “ Mi Creador, ahora estoy
dispuesto a que tomes todo de mi, bueno y malo.
Te pido que remuevas ahora de mi todo defecto de carácter que este
estorbando mi camino para ser útil para ti y para mis compañeros.
Dame la fortaleza al salir para hacer tu voluntad. Amén.”
Te pido que remuevas ahora de mi todo defecto de carácter que este
estorbando mi camino para ser útil para ti y para mis compañeros.
Dame la fortaleza al salir para hacer tu voluntad. Amén.”
Hemos encontrado que existen muchas
maneras de realizar este paso. Lo que funciona mejor para muchos de nosotros es
rezar en voz alta en un lugar tranquilo donde podamos escuchar lo que estamos
diciendo y reflexionar sobre esto conforme lo decimos. En cama, al despertarnos
y antes de levantarnos, funciona bien. Arrodillados también funciona. Lo
importante es decir nuestras palabras. Estas pueden formar la base de una útil
meditación diaria, o junto con otras oraciones o afirmaciones.
Hemos encontrado que estas palabras
pueden hacer más que tener un inicio fuerte. Éstas pueden llevar al límite de
situaciones y sentimientos lo suficientemente largos para que olvidemos la
urgencia de usar la nicotina. Cuando pensamos acerca de las muchas veces que
nuestra decisión de no usar la nicotina se ha derrumbado frente a situaciones
difíciles y emociones intensas, reconocemos nuestras limitaciones. El Séptimo
Paso refuerza nuestro sentido de impotencia y nuestra voluntad de pedir ayuda.
Pedir ayuda a menudo fue difícil para
nosotros. Queríamos creer que éramos totalmente autosuficientes e
independientes. Nuestra voluntad de vernos nosotros mismos necesitando ayuda,
lo cual era una parte esencial del Primer Paso, nos dejó con un sentimiento de
vacío. Fue entonces cuando comenzamos a trabajar el Segundo Paso que esto que
éste vacío se llenó de fe en un Poder mayor a nosotros mismos. Para nuestra
gran sorpresa encontramos que nuestra decisión de entregar nuestra disposición,
y nuestra voluntad para pedir ayuda a un Poder Superior o incluso a nuestros
congéneres, era una experiencia liberadora. No sólo retiró la presión irreal
que habíamos ejercido en nosotros mismos, sino que también nosotros comenzamos
a avanzar. De hecho, nuestra mera definición de la palabra progreso comenzó a
cambiar. Dejamos en las manos del Poder Superior retirar estas faltas.
Aprendimos que depende del Poder Superior si serán retiradas y cuándo, y no de
nosotros.
Conforme aumentamos nuestro contacto
consciente con nuestro Poder Superior, también deseamos aumentar nuestro
conocimiento de la voluntad de nuestro Poder Superior para nosotros. Tal vez de
esta manera lleguemos a entender por qué nuestro Poder Superior nos deja la
capacidad de comportarnos inefectivamente. Después de todo hemos tomado la
decisión de entregar nuestra voluntad y nuestras vidas al cuidado de Dios,
según lo concebimos.
La nicotina es artera, desconcertante,
poderosa y paciente. Nunca estamos libres de nuestra adicción. Al trabajar el
Séptimo Paso y la recitación de la oración del Séptimo Paso, pedimos ayuda a
nuestro Poder Superior para que “concédenos fuerza al salir para hacer tu
voluntad.”

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