domingo, 3 de noviembre de 2013

FUMADORES ANÓNIMOS. NOVENO PASO

NOVENO PASO
Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando al hacerlo pudiéramos perjudicarlos a ellos mismos o a otras personas.

          Los Octavo y Noveno Pasos fueron nuestro esfuerzo por armonizar con el mundo a nuestro alrededor. Llevamos a cabo la limpieza de casa que, hasta ahora, había sido esencialmente interna y reflexiva.

          Hicimos reparaciones del daño, uno a la vez, con cuidado y compasión. Tomando un nombre de nuestra lista del Octavo Paso, reflexionamos en la naturaleza del daño causado a esa persona. Ahora era el momento de intentar lo más que pudiéramos en ponernos en los zapatos de esa persona con respecto a nuestra interacción pasada con él o ella. ¿Cómo era estar en el extremo de recepción de nuestra deficiente conducta? ¿Cómo era la opinión de esa persona del mundo o personalidad alterada como resultado de lo que habíamos causado? ¿Causaron nuestras acciones otra pérdida de confianza en la gente en general? Nos preguntamos cómo podríamos haber tenido una influencia o impacto negativo en los demás.

          Generalmente, esta reflexión fomentaba una disposición por arreglar las cosas. Viendo las cosas desde la perspectiva de otra persona evocaba una consciencia repentina e intranquila del dolor o decepción que nuestras acciones habían causado. Aunque estos sentimientos hicieron nuestras enmiendas sinceras, no podíamos dejar que nos llevaran a un reflejo y remordimiento mórbidos. Eso nos mantendría alejados del camino de la acción positiva que es el enfoque de este paso.

          El mejor antídoto para la morbidez era una manera calmada y abierta y una actitud sincera. Pusimos nuestra conciencia recién encontrada de la naturaleza del daño causado en el pasado y, rezando por dirección, pedimos a Dios por la mejor forma de enmendar la herida. Preguntamos al grupo y encontramos a otra gente que habían tratado con enmiendas similares. Consultamos a nuestros padrinos. Confiamos en que nuestro Poder Superior dirigiría nuestro pensamiento conforme procediéramos.

          Contactando a la persona dañada, explicamos que nuestra adicción a la nicotina era una suspensión a través de nuestra práctica del programa espiritual de Fumadores Anónimos. El programa subraya que debemos componer las faltas que realizamos en el pasado y reparar las relaciones con las personas a las que dañamos. Y es por eso que estamos aquí.

          Seguimos explicando al apropiado detalle el daño que sentimos que habíamos causado. Aunque esto no remedió instantáneamente las cosas, su efecto a largo plazo era poderoso. Si habíamos causado una pérdida material a la persona ofrecimos hacerle una restitución. Sin embargo, más a menudo el daño era de naturaleza emocional y espiritual. Donde se había causado daño emocional, nos disculpábamos y decíamos que ahora estábamos intentando vivir honestamente y en armonía con los demás.

          Diciendo que lo sentimos a menudo no era suficiente. Algunas veces la persona con la que hablábamos estaba escéptica, especialmente si habíamos pedido disculpas con arrepentimiento en el pasado, prometido un cambio en la conducta y luego simplemente habíamos vuelto a nuestros viejos modos. Era necesario cambiar nuestras acciones y hacer enmiendas en la vida. Vivir nuestras enmiendas significa actuar y hacer cosas saludables y amorosas a otros que habíamos prometido anteriormente. Disculparnos por las acciones negativas pasadas y abandonarlas en el presente no era suficiente; ahora teníamos que realizar acciones personales positivas hacia los demás y esforzarnos por establecer las relaciones correctas con todos los que tuvimos contacto. La reconstrucción a largo plazo de las relaciones viene a través de una conducta consistente a través del tiempo.
          La persona a la que nos estamos acercando puede haber respondido con ira y no perdonar. Sin embargo, no intentamos hacerles ver nuestro punto de vista. Aceptamos sus sentimientos y expresamos que esperamos que en el futuro nos puedan perdonar, y dejarlo así y en manos de Dios.

          Nos aseguramos de no hacer reparaciones de tal forma que causáramos mayor perjuicio o daño a la persona afectada. No revelamos secretos que fuera bueno para nosotros confesarlos pero que pudieran causar dolor a otra persona. Evitábamos el tiradero emocional que egoístamente nos diera únicamente a nosotros la liberación emocional.

          A menudo nuestra conducta auto-centrada causó incomodidad o dañó a grupos de personas o individuos que habían atravesado por nuestras vidas anónimamente. Estas personas habían resistido nuestro humo de cigarro en espacios cerrados como elevadores, o vieron nuestras colillas de cigarros tiradas a lo largo de un sendero de montaña. En estos casos muchos de nosotros nos encontramos con que necesitábamos hacer reparaciones al mundo en general. Buscamos maneras de repagar al mundo por el daño que habíamos causado. Esto podría tomar la forma de trabajo de voluntario con grupos ambientalistas, servicio en Fumadores Anónimos, u otras actividades menos formales que son de servicio a la gente.

          En ciertos casos no podríamos hacer reparaciones directas a la gente que habíamos dañado. Tal vez ellos murieron o perdimos contacto con ellos, o se negaron a vernos. En estos casos encontramos que el concepto de “reparaciones al mundo en general” funcionó. Si habíamos sido una mala hija o hijo con un padre ahora fallecido, tomamos acciones hacia otros que estaban en situaciones similares a las de nuestros padres; adoptamos, ayudamos y amamos a adultos mayores. Si no podíamos comunicarnos con la persona afectada, hicimos reparaciones en vivo a alguien con quien podíamos interactuar.

          En nuestra explicación de lo que estábamos haciendo generalmente mencionamos a Fumadores Anónimos y cómo nos había llevado a la situación actual. Sin embargo, nuestro propósito no era explicar nuestro programa o nuestra espiritualidad recién hallada. Si la plática del programa y de Dios hizo a otros sentirse incómodos no presionamos con esos temas sino que fuimos directo al asunto de reparar los daños.

          Lleva tiempo hacer las reparaciones. Aprendimos la paciencia a través del proceso. Se requiere coraje y voluntad para proceder en principio en un curso de acción cuando no podemos predecir el resultado. Aprendimos a planear nuestro curso de acción, llevarlo a cabo con determinación, y aceptar que esto funcionó no sólo para mantenernos libres de la nicotina, sino que también nos ayudó a lograr una nueva armonía con los demás, y a reducir nuestro sentido de soledad y aislamiento.

          Habiendo hecho lo mejor que pudimos para restaurar la seguridad emocional y material que interrumpimos en aquéllos a quienes dañamos, comenzamos a ver el mundo en una nueva luz. Supimos ahora que nuestras acciones individuales se irradian más ampliamente en el mundo que lo que alguna vez hubiéramos imaginado. Como resultado de nuestra admisión de nuestra impotencia sobre la nicotina, llegamos por último a entender el verdadero punto de nuestro poder. En esta búsqueda, descubrimos gradualmente que nuestro conocimiento y tolerancia hacia los demás había aumentado y, por primera vez en nuestras vidas, nuestro lugar en la humanidad se había vuelto realmente cómodo.

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