8 de diciembre
Cuando no
pedimos lo que queremos y necesitamos, nos menospreciamos a nosotros mismos.
Merecemos algo mejor.
Quizá los
demás nos enseñaron que no era educado o apropiado que habláramos por nosotros
mismos. La verdad es que, si no lo hacemos, nuestros deseos y necesidades
insatisfechos en último término vendrán a rondar nuestras relaciones. Podemos
terminar sintiéndonos enojados o frustrados, o podemos empezar a castigar a
alguien más por no averiguar lo que necesitamos. Podemos terminar la relación
porque no satisface nuestras necesidades.
La intimidad
y la cercanía solamente son posibles en una relación donde ambas personas
pueden decir lo que quieren y lo que necesitan. Una intimidad sostenida así lo
exige.
A veces
podemos tener que exigir incluso lo que queremos. A eso se le llama fijar un
límite. No hacemos esto para controlar a otra persona, sino para ganar el
control de nuestra vida.
Nuestra
actitud hacia nuestras necesidades también es importante. Debemos valorarlas y
tomarlas en serio si esperamos que los demás nos tomen en serio. Cuando
empecemos a darle valor e importancia a nuestras necesidades, veremos un cambio
notable. Empezarán a satisfacerse nuestros deseos y necesidades.
“Hoy
respetaré los deseos y necesidades míos y de los demás. Me diré a mí mismo, a
los demás y a mi Poder Superior lo que quiero y necesito. También escucharé lo
que ellos quieren y necesitan”.

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